Llegué una tarde al portal. No recuerdo el día de la semana. La entrada exterior es bastante amplia y se había formado un corro. En medio, una de las vecinas se lamentaba porque Fabiana no estaba. Era todo llanto. Desesperada porque le había dicho que la esperara en la puerta. “ No lo entiendo, siempre me obedece”. No podía apenas articular palabra y mucho menos moverse. Estaba prácticamente K.O.
Mientras tanto ya se había organizado una batida en busca de Fabiana. Por lo poco que se sabía no podía haber ido muy lejos. “ Si ha sido todo en cuestión de diez minutos…”.
Varias mujeres trataban de consolarla. No había modo. De las lágrimas pasaba a la histeria. Si intentaban abrazarla no se dejaba. La angustia iba apoderándose de ella por momentos. No dejaba de decir la tragedia que iba a suponer en casa. Necesitaba que volviera. Era necesario. No quería ni imaginar su vida sin ella.
Al cabo de unos minutos que debieron ser eternos, una de las mujeres apareció con Fabiana en brazos.
“ ¿ No te había dicho que iba a la zapatería y que me esperaras aquí?”. “ La próxima vez no vuelvo a dejarte sola. A partir de ahora nada de ir sin la correa”.
Fabiana tiene cinco años. Es una Yorkshire Terrier.
Solidaridad vecinal
Llegué una tarde al portal. No recuerdo el día de la semana. La entrada exterior es bastante amplia y se había formado un corro. En medio, una de las vecinas se lamentaba porque Fabiana no estaba. Era todo llanto. Desesperada porque le había dicho que la esperara en la puerta. “ No lo entiendo, siempre me obedece”. No podía apenas articular palabra y mucho menos moverse. Estaba prácticamente K.O.
Mientras tanto ya se había organizado una batida en busca de Fabiana. Por lo poco que se sabía no podía haber ido muy lejos. “ Si ha sido todo en cuestión de diez minutos…”.
Varias mujeres trataban de consolarla. No había modo. De las lágrimas pasaba a la histeria. Si intentaban abrazarla no se dejaba. La angustia iba apoderándose de ella por momentos. No dejaba de decir la tragedia que iba a suponer en casa. Necesitaba que volviera. Era necesario. No quería ni imaginar su vida sin ella.
Al cabo de unos minutos que debieron ser eternos, una de las mujeres apareció con Fabiana en brazos.
“ ¿ No te había dicho que iba a la zapatería y que me esperaras aquí?”. “ La próxima vez no vuelvo a dejarte sola. A partir de ahora nada de ir sin la correa”.
Fabiana tiene cinco años. Es una Yorkshire Terrier.