Debió de ser un viernes por la tarde porque la vi desplomarse en el sofá. Desde ese día no ejercita en su barra de ballet ni sale a la ventana a hablarle a la luna como solía. Lleva meses marchitándose entre la cama y la televisión. Parece mentira. Con la energía con la que entraba en casa todos los días hace apenas un año. Han debido írsele todos los sueños de golpe. De vez en cuando un muchacho la visita. Hablan durante un rato y cuando se marcha ella llora con amargura. Ahora está tendiendo. Ni siquiera se ha peinado. Su pelo era todo brillo. Hoy parece un nido de ratas. En un intento porque no se la reconozca tiene puestas gafas de sol. Pobre mujer. Este vecindario no perdona. Nos conocemos todos. Las distancias son tan mínimas que la intimidad apenas existe y si quieres permanecer ajeno a todo debes huir de las alcahuetas. Nuestras Louella O. Parsons particulares. Si no saben algo se lo inventan. Así de aburridas viven. Una mañana tuve que salir al paso de rumores cual caballero andante en defensa de “ mi bailarina”. Literalmente la habían suicidado. Salgo del ascensor, que se nos cae a pedazos, y allí estaban ellas, unas con sus carros de la compra, con las verduras listas para limpiar, otras en bata y zapatillas susurrando en corro. Verme y enmudecer todo uno. Al pasar no pude contenerme. “ ¿ Ocurre algo señoras?”. “ ¿ No se ha enterado Ud. ?. La Srta. Del 5ºB no ha salido de casa desde hace una semana. Sospechamos que… “. Era la lagarta del 7ºC que desde que se quedó viuda no tiene mejor cosa que hacer punto en la ventana de la cocina que da al patio. Es como un tentetieso. El mejor regalo que se le podría hacer es un telescopio para que pueda vigilar desde más lejos sin ser vista. “ Se equivocan Uds. La Srta. del 5ºB está desayunando tranquilamente.”
Patios interiores
Debió de ser un viernes por la tarde porque la vi desplomarse en el sofá. Desde ese día no ejercita en su barra de ballet ni sale a la ventana a hablarle a la luna como solía. Lleva meses marchitándose entre la cama y la televisión. Parece mentira. Con la energía con la que entraba en casa todos los días hace apenas un año. Han debido írsele todos los sueños de golpe. De vez en cuando un muchacho la visita. Hablan durante un rato y cuando se marcha ella llora con amargura. Ahora está tendiendo. Ni siquiera se ha peinado. Su pelo era todo brillo. Hoy parece un nido de ratas. En un intento porque no se la reconozca tiene puestas gafas de sol. Pobre mujer. Este vecindario no perdona. Nos conocemos todos. Las distancias son tan mínimas que la intimidad apenas existe y si quieres permanecer ajeno a todo debes huir de las alcahuetas. Nuestras Louella O. Parsons particulares. Si no saben algo se lo inventan. Así de aburridas viven. Una mañana tuve que salir al paso de rumores cual caballero andante en defensa de “ mi bailarina”. Literalmente la habían suicidado. Salgo del ascensor, que se nos cae a pedazos, y allí estaban ellas, unas con sus carros de la compra, con las verduras listas para limpiar, otras en bata y zapatillas susurrando en corro. Verme y enmudecer todo uno. Al pasar no pude contenerme. “ ¿ Ocurre algo señoras?”. “ ¿ No se ha enterado Ud. ?. La Srta. Del 5ºB no ha salido de casa desde hace una semana. Sospechamos que… “. Era la lagarta del 7ºC que desde que se quedó viuda no tiene mejor cosa que hacer punto en la ventana de la cocina que da al patio. Es como un tentetieso. El mejor regalo que se le podría hacer es un telescopio para que pueda vigilar desde más lejos sin ser vista. “ Se equivocan Uds. La Srta. del 5ºB está desayunando tranquilamente.”